• EL Tao como filosofia cristiana

    Nací católico. Fui bautizado en una parroquia en Arica hace ya más de 23 años (tengo 26). Mi nombre de bautismo es Pablo, como el apóstol llamado alguna vez Saulo. Viví cerca de 16 años creyendo en lo que me decían de Dios y de la Biblia como una verdad absoluta, hasta que dejé de creer en absolutos, al menos en lo que se refiere a lo humano. Seguía creyendo en Dios, pero no así de lo que me decían de él. Un día, le hice una promesa a Dios. No diré que promesa fue, pero ese día fue la primera vez que dudé de Él (y no fue la última). Ese día descubrí que en realidad él existía, pero no de la forma que me habían descrito, sino como algo muy superior a lo que yo creía que él era. Como todo niño, había antropomorfizado su figura y lo había relegado a la calidad de un ser superior al hombre, sin darme cuenta en realidad que el concepto de "Dios" no sólo involucraba al hombre, sino a toda la existencia del Universo. Mi universo (y el del resto de nosotros) no supera los límites geográficos de este mundo, y en ocaciones, ni siquiera supera los límites locales de nuestro hogar. Cuando somos infantes, este universo es aún más pequeño, pues no es superior a nuestra familia, y en el vientre materno, se reduce a un espacio no superior a una pelota de playa. Y nos movemos creyendo y argumentando que más allá no existe nada más, incluso declaramos "sacrilegio" o "herejía", y en términos más científicos, declaramos "falto de argumentación" indicios siquiera de que algo diferente existe más allá. No defiendo por supuesto a los charlatanes, supuestos sanadores o personas que creen tener habilidades suprasensoriales. Mi objetivo es entregar una manera de ver las cosas de una manera más amplia, con mayor criterio que los formales y que las supuestas "leyes" que el hombre considera como absolutas. En general, creemos que nuestro Universo se rige y determina por leyes. Un concepto que nace ya hace unos siglos con la Ilustración, el punto de nuestra historia donde comienza la agonía de las leyendas y la muerte de la superstición. Una marca donde el hombre declara el fin del oscurantismo y nace el predominio de la razón. Y donde muchos creen, muere Dios. Afortunadamente también, así como la superstición muere, nace también una consolidada y demostrativa fe, una fuente que demuestra al mundo la existencia de diversos hombres santos en las diferentes culturas. Y cada pueblo procura imponer su convicción al resto de que su verdad (y no la de otro) es a única verdad. Y procura probarlo. Y falla. Y aquel que también procuraba imponer su verdad a aquel, también falla. Las leyes de su mundo comienzan a desplomarse, y sólo aquellas que tienen un verdadero asidero en la realidad o en el corazón de sus pueblos prevalecen. Y llega la globalización. Y con la llegada de la globalización, muere también la Ilustración. Las leyes que creíamos absolutas cambian, los métodos que creíamos absolutos cambian, y nuestra cultura que creíamos superior crece y se nutre con otras culturas y volvemos a comer del fruto prohibido y nos transformamos en seres perfectibles, no perfectos. El Oriente entrega su cultura a Occidente, y vice versa. Ambas filosofías, perfeccionadas durante milenios, ven un rival en la manera de pensar del otro y rivalizan por ser la única, y los hombres no ven que en realidad lo que ocurre no es un combate, es un intercambio de ideas, de pensamientos y de creciente florecimiento moral y espiritual. Hace poco leí un artículo (http://www.ministeriosprobe.org/docs/taoismo.html) en el cual se mencionaba y reconocía al taoísmo como una filosofía falta de moral, incapaz de reconocer entre el bien y el mal, un artículo lleno de prejuicios y de falta de experimentación real, además de una serie de errores referentes a la interpretación del Tao, uno de los textos más importantes dentro de la cultura oriental. Y como muchos quienes intentan hacer un comentario sesgado del Tao, cae en los siguientes errores:

    1.- El Tao no puede ser interpretado en forma de texto, o inclusive en palabras. El concepto de Tao escapa a la comprensión del hombre, así como el concepto de Dios lo hace. Nuestra manera "occidental" procura nuevamente hacer un antromorfismo de algo que no es antropomórfico, sino algo distinto, que escapa a nuestra racionalización y nuestro errado concepto de lo que es realmente Dios nos pasa la cuenta al intentar compararlo con el Tao.

    2.- El Tao NO ES COMO LA BIBLIA. No es un texto sagrado, no habla de batallas épicas ni de la vida de reyes o de hombres santos, o de la Llegada de Cristo a la Tierra. Es un texto sencillo y complejo a la vez, que NO PUEDE NI DEBE SER INTERPRETADO POR PARTES, sino que es un todo, ya que cada parte explica la anterior, y vice versa. EL principio del texto explica el fin, y viceversa. Finalmente, cada parte del texto es una con las otras, ya que es UNA filosofía, no hay diez mandamientos, no existe algo como "no mentirás", o "no matarás". Estas ideas se encuentran implícitas en el texto, no de manera explícita.

    3.- En concordancia con lo anterior, el Tao NO ES DIOS, sino que es una manera de definir lo que es la existencia, la manera de conducirse en ella y la forma (no la figura) de conducirse por ella. No existe en el Tao el concepto de bien o mal, sólo existe el Tao, y nada más.

    Ahora bien ¿Cómo es que una filosofía como el Tao puede ser asimilada con la filosofía cristiana? Eso es algo no muy sencillo de explicar. En primer lugar, para entender el Tao un individuo debe vivir por lo menos unos 200 años para poder comprender una décima parte de lo que es realmente el Tao. Ya existe un obstáculo. Para los occidentales, leer una de las tantas traducciones que existen del Tao y que se ajuste de manera relativamente fiel al original ya es bastante difícil, puesto que para traducirlo hay que entender el idioma chino, y como muchos saben el lenguaje escrito se basa en ideogramas (figuras que representan ideas más que palabras como tales), y para traducirlo hay que comprender a cabalidad lo que se está traduciendo (otro problema puesto que de acuerdo al primer problema hay que vivir más de 200 años). En definitiva, una traducción fiel del Tao al idioma escrito occidental no tomaría menos de 200 años. Y si no me equivoco, aún no existe una traducción de este tipo. El último problema es la cultura, puesto que el Tao enseña a vivir en armonía con el resto del mundo, cosa que en el mundo occidental no existe. Y curiosamente, es este último problema el que también trae la solución. Para los que entienden una milésima de la idea que es el Tao, saben que el Tao que se enseña no es el Tao real, puesto que el Tao real sólo se conoce a través de la realidad. No estoy dando una interpretación de las primeras líneas del Tao, ni dando una definición formal de lo que es el Tao (¿ya lo habia dicho, no?) sino que procuro generar la visión real de lo que podemos hacer con el Tao, puesto que el Tao real SE VIVE, no se aprende leyendo un texto. Una enseñanza que por cierto, va muy de la mano con la cristiandad, al hacer la palabra acción. (más o menos lo que se entiende por el Verbo). El Tao se puede entender como una fuerza, un camino o simplemente una guía para ver la vida de la manera correcta. Nos enseña a ver el sentido simple de las cosas, que los objetivos se cumplen en la medida que nosotros disfrutemos del desarrollo de los mismos, y que evitemos complicarnos la existencia con conceptos físicos, con leyes y con sistemas que nos privan en realidad de la libertad que Dios nos entregó. El Tao es como la naturaleza, un todo simple y armónico que busca nada más que existir y no necesita nada, porque lo tiene todo. Define a las virtudes como lo que son, virtudes y no vías para sacrificarse. Es todo lo que enseña. Respetar, apreciar, disfrutar y contemplar tranquilamente nuestra vida. Gozar de ella, gozar de su plenitud, de los momentos, aprender simplemente porque sí, reír con un chiste, serenarse ante la adversidad, enfrentar correctamente los problemas. Sun Tzu, en su libro (y su mayor legado a la humanidad) "El Arte de la Guerra" lejos uno de los mejores libros de estrategia militar de la historia, describe su manera de enfrentar un conflicto de la mejor manera que se conoce hasta hoy: "la mejor manera de lograr la victoria en un conflicto, es evitándolo". Sun Tzu, por lo demás fue un asiduo estudiante del Tao, y un gran general en su época. Se dice que jamás perdió una campaña militar en su vida, y que sus victorias frecuentemente eran impecables. Y en su obra, escrita en versos, se describe la filosofía del Tao aplicada a la filosofía militar. Cuantas veces esta realidad se nos hace presente, que nos enemistamos con un amigo por una estupidez, como no haber llegado a tiempo, no haberlo ayudado cuando podía, o incluso haber hecho algo que sabíamos no era correcto. Esto por dar un ejemplo sutil, de cómo la filosofía del Tao puede inlcuso moldearse a lo cotidiano a través de las enseñanzas de Sun Tzu. Y eso no es todo. ¿Puede una forma de vida oriental acomodarse a nuestra realidad occidental? Basta ver los resultados y el impacto actual que poseen las artes marciales, las prácticas medicinales, los ejercicios terapeuticos y su misma cultura en la nuestra para darse cuenta que sí es posible. Por lo demás, esta idea no crean que dista de ser nueva. En España, el padre Peter Yang, de origen chino, enseña cristiandad a través del taoísmo. Una forma de enseñar que quizás supere por mucho las prácticas antiguas, al mostrarnos una forma de la fe renovada, de gran fuerza espiritual y de un enorme potencial para hacer resurgir la fe de Cristo en este nuevo mundo, que avanza de manera vertiginosa y compleja hacia el siguiente paso en la evolución de nuestra civilización.

    La idea (no el concepto) de Dios

    Como me refería en el párrafo anterior, nuestra idea antropomórfica de Dios se debe a dos motivos esenciales:

    1.- Nosotros consideramos a Dios como una persona (o en el caso de algunas tradiciones, tres), generando una confusión en la idea de un solo ser de suprainteligencia, suprapotencia y, obviamente, suprahumanidad. La idea de concebir a Dios en forma física nos permite ver a un Dios que "personifique" nuestras virtudes, y somos obstinados al pensar que él es la fuente de todo lo que somos, como criaturas, entes sociales con capacidad de razonar y como entidades suprahumanas, al considerar que nuestro nexo con el Creador es nuestro espíritu.

    2.- Nuestra obstinación de creer que nosotros estamos hechos "a imagen y semejanza" de él, siendo que una imagen es una reproducción no necesariamente física y similar no significa que él en un principio era un ser humano.

    Analizando ambos puntos podemos ver que conceptualizamos a Dios de una manera vana, disminuyendo incluso su funcionalidad y como entidad forzamos su forma a un individuo casi humano, siendo que JAMAS HA SIDO HUMANO. En este punto, diría cualquier cristiano: "pero si Dios fue también hombre". Estoy de acuerdo, ya llegaré a esa parte. No es que considere que Cristo es un alien o algo similar, es simplemente que estoy separando ideas, nada más. Bueno, continuando, la transformación de Dios en un concepto nos deja claro que su persona (otro error es considerarlo una persona) es blanco de nuestras propios defectos como humanos: Es posible "culparlo", "odiarlo", e inclusive, "amarlo". Un error continuo en nuestra religión es considerar a un "Dios Amor" y no a un "Dios Creador". En realidad, Dios no necesita amarnos. Somos nosotros, entidades sociales capaces de emocionarnos, aquellos que tenemos una necesidad de amar a nuestro Creador. De ese amor nacen nuestras virtudes, pero más allá de amarlo a Él, nos inclinamos a amar a la idea de su persona, con lo cual rebajamos aún más su funcionalidad y disminuimos su concepto de Ser Superior a un nivel más bajo. Finalmente, terminamos creando una idea se un ser que no es realmente Dios, sino un ser que nosotros anhelamos que sea "nuestro" Dios, un Dios compasivo, capaz de amarnos u odiarnos a su capricho. El primer paso, por tanto, es eliminar la idea de su persona, dejándolo como una algo más voluble, más abstracto, eliminando su parte humana y dejando sólo (mientras tanto) el concepto de Ser que él es. Me acuerdo como si fuera ayer de esa clase de religión, cuando se habló del significado de YAHVÉ: "Yo soy el que soy". Más sencillo demostrar que Dios no es lo que creemos que él es sino que simplemente es lo que es. Y punto. Nada de Capillas Sixtinas ni barbas blancas o antropomorfizaciones de otro tipo. Dios no es algo que podamos definir, va más allá de nuestro entendimiento comprender lo que es él, y por lo tanto, lo humanizamos y luego le damos nombres (Alá, Elohim, Dios, etc). Por favor, no juzgo al hombre por hacerlo, dentro de nuestra limitada capacidad en realidad no hay mucho más que hacer que crear una "imagen" más social, más cercana a Dios para que todos la podamos comprender. Pero Dios, como decía, no es algo que podamos comprender en su totalidad. Es incluso más que un concepto, más que un nombre: es una idea. Varios dirían. pero una idea no existe. Vamos, vamos... principios de filosofía; una idea existe por el sólo hecho de existir. La idea de una silla no nace en nosotros, nace de su mismo ser, de ser una silla. Así mismo, Dios existe por sólo el hecho de existir. no existe un antes de la idea de una roca, así como no existe un antes en la idea de Dios. Lo siento, pero, es la única manera en la cual me puedo imaginar a Dios, sin describirlo como un alguien. Pero tengo una ventaja ahora: puedo describirlo como una idea, por lo tanto ahora soy capaz de amar directamente a su idea, en vez de de a la idea de su persona. Al hacerlo, desligo de mí mismo su concepto de individuo, de ente humano, de sus emociones, y puedo ver más allá. Y descubro que él es un Todo, sin restricciones, sin ataduras, sin límites ni forma que lo contenga: El Es simplemente el que Es. Ahora, ¿cuál es el camino que debo seguir para continuar, el taoísmo o el cristianismo? No todos los seres humanos son capaces de abstraer a Dios como una idea, y menos aún procurar seguir un camino basado en una abstracción: Es como tratar de construir un puente sólo con los planos y los cálculos de terreno. El cristianismo siempre es una buena idea, especialmente porque es un poco obvio que Dios "envió" (o más bien, era la consecuencia natural de que, al no comprender su verdadera esencia, debía aparecer en algún momento un enviado de Dios y que por supuesto, debía aparecer en el lugar y tiempo adecuado) a su hijo, una parte de su misma esencia para enseñarnos cuál era el camino. Al escribir esto, procuro entregar una visión cristiana de la aparición de Jesús en la tierra, pero una explicación más plausible sería que Jesús representa un anhelo, una esperanza para la gente de una época, lo que a veces me hace dudar si realmente existió un ser humano capaz de hacer diversos milagros o si en realidad se trata de un individuo de carne y hueso. Bueno, que diablos, soy un tipo que hace años se dio cuenta de que cosas así sí pueden pasar, así que me inclino por mi fe y digo: ¿por que no? al menos dejo una duda razonable de su existencia. SIn embargo, esto me impulsa a contradecir mi punto inicial, el hecho de que Dios JAMAS HA SIDO UNA PERSONA. Bueno, como dije, Dios es un Ser, más que un ídolo o un ícono, y hasta donde yo recuerdo, mi capacidad humana me resulta muy pequeña para argumentar lo que es capaz de hacer un Ser, que definitivamente escapa a la comprensión del hombre. En mi Universo, desde esta pequeña esfera de color azul no puedo ni siquiera ver el color del tercer planeta del siguiente sistema solar, menos podré comprender las acciones de un Ser que simplemente Es. Absurdo sería comprender su idea, pero puedo hacer la imagen de un señor con barba blanca que representa lo "sabio" y "benevolente" que es "Nuestro" Dios. Ahora el Tao, ¿es una manera de comprender a Dios?. Desde el punto de vista de un creyente, que ve a Dios como un Padre (o bueno ya, también como un Hijo y como un Espíritu Santo) resultaría complejo, puesto que desligar a Dios-persona de la mente de el creyente significa además probablemente poner muchas de sus creencias en jaque, y resultaría muy difícil encontrar un patrón que fuera capaz de ordenar nuevamente sus ideas, principios e ideales nuevamente dentro de su propio esquema de vida y religión. Bueno, la solución es el Tao. El Tao entrega esa herramienta, esa nueva manera de experimentar, de accionar más que reflexionar de que algo es pecado o no. El pecado en el Tao básicamente no existe, puesto que tampoco existe castigo. Dentro del Tao cada uno es juez y cada uno es víctima. No existen terceros dentro del Tao. Sólo existen individuos, y entre los individuos existe una relación, y dentro de toda relación existen formas de llevar a cabo dicha relación (sic). Y cuando se comprende esto, también se comprende en cierta manera a Dios. Ya no hablamos de un Dios Castiga, ni tampoco de un Dios Misericordioso, sino de un Dios que existe y que debemos hacer las cosas de acuerdo a su esquema. Si tocamos fuego, nos quemamos. Si matas a un individuo, debes no sólo esperar el juicio de tus pares, sino de tu propia conciencia. Si un niño miente a su padre, eso es porque su padre no sabe escuchar. A su vez, si el padre deja a su hijo mentir, deberá aceptar las consecuencias de su ligereza. Un Dios castigador es más simple de comprender que son nuestros mismos actos los que nos llevan a determinadas situaciones. En el credo cristiano común, si das tu vida por otro es símbolo de heroísmo, de valor. En el Tao, es el hecho de respetar la vida lo que tiene valor. No existen recompensas supraterrenales, busca ser uno con el universo, en esta vida y cualquier otra. Comprender que cualquier camino es el camino del Tao también involucra que el camino del cristianismo también es el camino del Tao. Y cualquier otro camino, también lo es. Dicho de otra manera, seuir el Tao desde una perspectiva cristiana amplía y enriquece el horizonte, mejora nustra perspectiva del mundo y nos lleva a conocer a Dios sin los prejuicios humanos, sino deuna manera que no es ni reprsora ni benevolente, sino que entrega la libertad necesaria para desarrollarnos en el camino que decidamos elegir.

    El Tao como instrumento para comprender el camino del cristianismo

  • A modo de saludo de un viaje a la esquina

    Fue extraño estar sin la tuna estos meses. Primero se le echa de menos, luego son las ganas irresistibles de volver, como si del hogar se tratara. Luego empiezas un proceso en el cual te acostumbras a estar sin algo que, en condiciones normales, no podrías sobrevivir sin ello, como los ojos o la capacidad de oír. Es en realidad, como estar ciego. Tratas de mirar el mundo de otra manera, buscas una mejor perspectiva del mundo, pero te encuentras con la desagradable sensación de que nunca será lo mismo. Buscas la motivación en otras cosas, pero es difícil tomar un vaso de agua cuando no ves donde está. Eso saqué en definitiva como conclusión en este viaje de instropección en el cual estuve sin aquellas cosas que me hicieron ser la persona que soy ahora. Por motivos de fuerza mayor estuve dos años sin poder asistir a la Universidad, pensando que podría soportar estar sin ir a un lugar que sólo exigía cada vez más de mi persona. La mayoría de los estudiantes sólo quiere terminar sus estudios rápidamente y estar el menor tiempo posible en la Universidad, sin siquiera sacar provecho a la plétora de oportunidades que entrega, no sólo en lo académico, sino en lo personal y en lo que significa el desarrollo de nuestros talentos. La mayoría egresa y se titula sin siquiera saber por qué y para qué estudió. En algunas pocas líneas intentaré recabar todo lo que pueda sobre la Universidad y lo que puede significar para muchos de ustedes (significó mucho para mi):

    - La Universidad es, sin duda, una cáscara vacía si miras por el rededor de ella y simplemente la abres para echarle una ojeada a su contenido. Para la mayoría, se ve como un recipiente vacío sin mayor utilidad que sacar un título. Si crees que una carrera universitaria es como estar en la Educación Media, piensalo dos veces. Muchos ven este cascarón y simplemente lo usan como papelero, si importarle ni advertir el daño que le están provocando a una de las libertades mas importantes de cada joven estudiante y que se encuentra consagrada en la Constitución Política de la República: el derecho a ser educado y a recibir educación. La Universidad, en su universo de estudiantes, profesores y autoridades auxiliares, entrega más que aire, entrega un universo de teorías, proyectos, objetivos y metas que son efectivamente realizables aún antes de egresar y salir a buscar el motivo para el que estuvieron estudiando tantos años. La verdad, a pesar de que se pudiera pensar de que un estudiante no es un individuo preparado sino hasta que termina sus estudios, es que todos los estudiantes, aún en niveles medios de preparación, están capacitados para ejercer un oficio. Durante este año y medio he conocido mucha gente, muchas personas que han logrado el éxito e incluso se han realizado como "profesionales" sin siquiera haber terminado sus estudios (entiéndase profesionales aquellos individuos que se desempeñan una profesión y son entendidos en su materia o especialidad), y que trabajando duro y siendo los mejores en su área, han logrado realizarse en todo ámbito, y son felices porque sienten la plenitud de que sus objetivos personales más importantes han sido realizados. Como todo, la antiguamente bien llamada "Casa de Estudios Generales", guarda con recelo el secreto de las profesiones solo para aquellos quienes se han esforzado y desean conocer mas de la ocupación que desean tener en la vida. Desde el principio el estudiante está capacitado para ejercer su ocupación, pero está limitado por los conocimientos los cuales son entregados paulatinamente por la Universidad y sólo para aquellos que realmente se esfuerzan por ello.

    - Antiguamente el sistema de educación era mas "tosco" y se le enseñaba a todos aquellos que postulaban a una profesión por igual, siempre y cuando el maestro aceptara un nuevo aprendiz o estudiante, en el caso de las casas de estudio, y el desempeño en los exámenes periódicos determinaba si el alumno podía proseguir estudiando o si simplemente su capacidad era insuficiente para realizar una profesión "superior"; de ahí el dicho
    "Lo que Natura no da, Salamanca no presta". Hoy en día, la universidad entrega más flexibilidad (a un mayor precio si) a los estudiantes, entregando facilidades para ejercer la profesión. Está, por ejemplo, el método de la malla curricular, el cual permite ejercer como "profesor particular" o "ayudante" de los diferentes cursos que se realizan en una carrera, los cuales, y desplazando un poco el método de exámenes únicos, otorgan la distinción de ser versado en una determinada materia y entregar utilidades a la vez que ideas al prospecto de licenciado. Otra facilidad es, dentro del mismo sistema, es el de repetir un curso de la malla si es que el aspirante no pudo, a discreción del docente que lo imparte, aprobar el curso en el tiempo al cual estaba limitado el curso. Existen otras, como créditos, "becas", tutorías, ayudantías, etc. las cuales a veces no siempre son equitativas, y muchas veces las oportunidades no se dan por igual, pero qué mas da.
    El punto es que la Universidad da muchas, muchisimas oportunidades en lo académico, y hay que saber aprovecharlas. Da otras oportunidades, como realizarse en lo personal, crecer como individuo y como ente social. Quizás una de las mayores oportunidades que le debo a la Universidad es haber entrado a la tuna. Allí me desarrollé como individuo social, a la vez que de muchas maneras me enseñó a priorizar mis responsabilidades. Logré vencer barreras sociales que de otra manera me hubiera sido muy difícil romper. Abrí mi mente y rompí los preconceptos que tenía. Me ayudó a crecer de muchas maneras, y siempre le estaré agradecido por ello. Quizás eso fue también lo que me alejó por un tiempo también de ella. El hecho de estar ausente de la Universidad me hizo recapacitar de lo que yo significaba para la tuna, y llegué a la conclusión de que la única razón por la cual fui admitido fue porque yo era estudiante universitario. Cuando postergué mis estudios perdí todos mis privilegios como estudiante: el pase universitario, el de biblioteca, el derecho a estar en una sala de clases y ser tratado como un estudiante más, el hecho de ser conciderado un compañero de universidad o en su defecto, de ser tratado como un alumno de la universidad. Quizás por ello también sentí perder el privilegio de continuar en la tuna, así como otras cosas más. Este sentimiento se hizo aún más latente este año, cuando al estar de nuevo entre todos me di cuenta de las condiciones en las cuales se desenvolvían todos los integrantes: los horarios, los parches, los ensayos, reuniones, en fin, todo se movía alredededor del hecho que la mayoría de los integrantes eran estudiantes. El razonamiento es obvio para aquel que está en la tuna y es estudiante. Es como decir "donde hay fuego hay calor", pero para aquel que no lo está, el problema es diferente.
    En muchas situaciones nos hemos visto obligados a hacer cosas que no deseamos hacer, pero que por necesidad o por amor las hacemos. El hecho de separarme de la Universidad fue doloroso en muchos aspectos, especialmente el que dice relación con realizarse personalmente. Conocí entonces la otra cara de la vida, esa que se muestra cuando se finaliza el camino de la Universidad. Y no era bonita. Es un lugar competitivo, traicionero y de mucho esfuerzo, y también de mucho sufrimiento. Comprendí lo importante que era estar preparado, lo difícil que es estar sin preparación. Sin embargo, logré salir a flote, solucionar mis problemas y de paso encontrar las soluciones que necesitaba para seguir estudiando y de además, poder reintegrarme a mi tuna con la cabeza en alto nuevamente, reclamando mis derechos como estudiante y como miembro de mi Universidad.

    Para todos, este mensaje final: estudien no para sacar una carrera como todos dicen, estudien para estar dispuestos a enfrentar un mundo a veces hostil, que se vuelve más agradable para aquellos que son capaces de ejercer una profesión con la preparación que exige cada día más esta sociedad "especializada" y "urbanizada". No tomen sus carreras como un diploma o un certificado, considérenlas como una realización personal, como el medio por el cual lograrán sus metas y objetivos.

    Sin otro particular los saluda atte

    Juan Pablo Escobar Zorn
    Estudiante

    A mis amigas y amigos de Colombia

    Bueno, ya que no me puedo dar el lujo dee tener una cuenta premium, aca va algo que se me habia quedado en el tintero :)

    Lunes, Febrero 13 de 2006

    Hace ya tres años que conoci a un grupo increible de gente, un grupo de jóvenes y profesores llenos de alegría, llenos de vitalidad y con un "swing" increíble para bailar. Con ellos compartí días increíbles, llenos de cariño, amistad y mucha alegría, sobre todo alegría. Luego de tres años se repitió la historia, pero con un grupo diferente, que traían el mismo espíritu y el mismo candor, el calor y la inocencia que ya conocía. Para ustedes, Tuna UIS de Bucaramanga, para Ofelia, Pilar, Josete, Wilson, Omaira, Aura Luz y el resto; y tambien para mis bellas de la Tuna Femenina de la Universidad Nacional de Bogotá, para Diana, Angie, Sofía, todas esas bellazas que comparteron unos dias de carrete, este poema, que bien conocen ya.

    A Colombia

    Mujer de tierras cálidas
    calor que llevas en tu piel
    calor que transmites a mis ojos,
    a mi pecho, a mis labios,
    a mis manos, a mis dedos.

    Tu belleza es extraña en mis tierras
    y es un nuevo manantial
    para refrescar mi mirada,
    deleitándome en la tuya,
    llena de ternura y alegría.

    Déjame acogerte en mis brazos,
    mi bella extranjera.
    Sentir el calor de tu tierra,
    el sabor de tus exóticas aguas
    y el aroma de tu gente,
    para así realizar un viaje,
    una travesía a tus emociones,
    sensaciones nuevas
    traídas desde más allá de la cordillera.

    Déjame deleitar mis oídos
    con tu sonoro acento,
    satisfacer mis ansias
    de lo desconocido y
    de muchas maneras,
    aprender a quererte
    con tus costumbres,
    con tus nuevas caricias
    y tu inagotable cariño.

    De su eterno amigo

    Juan Pablo Escobar

  • El Juglar no debe morir.

    Luego de leer “Romeo y Julieta”, autor ya conocido, imaginé que la mayor tragedia que pudiera suceder en la vida de una persona es perder la capacidad de amar. Ya mas maduro, experimentado y analizando desde otra perspectiva el problema, di con que no era la pérdida de esta capacidad, sino la pérdida de la esperanza de amar lo que es verdaderamente desgarrador. La juglaría, ya sea para bien de algunos o maldades de otros ha sido el pilar, el atlas sobrehumano que ha sostenido esta esperanza a lo largo de los tiempos, con la cual todos vivimos, de una u otra manera. Don Juan Tenorio la malvivió durante su juventud, y luego en su vejez dio cuenta de su error, perdiendo su antigua vida. El Arcipreste de Hita se reconoce enamorado, sin saber que su amor imposible se tornaría realidad, para luego perderlo de manera definitiva en manos de Don Gil, el arzobispo de Toledo.

    Manrique muere de soledad, enamorado de una ilusión. ICARO muere por amor a su ambición. Extraña suerte tuvo Segismundo, porque de un sueño estaba enamorado, y su sueño en realidad se torna al salir de su prisión y como rey coronarse. En la ficción, todos mueren por desesperanza, porque se ansía más de lo que pueden tener. Sólo en ciertas ocasiones y por capricho del autor o por un traspié del destino (y teniendo en cuenta que dos errores sucesivos producen un acierto en la teoría), un milagro se puede dar a lugar y la ficción tiende a la realidad, haciendo renacer la esperanza en el amor: La esencia del juglar. Es exactamente esta combinación que hace de lo imposible una realidad lo que caracteriza a las historias picarescas, de tragedia y de comedia de los defensores de la juglaría.

    “(...) Una vez, ante un médico famoso
    Llegose un hombre de mirar sombrío.
    Sufro – le dijo – una mal tan espantoso
    Como la palidez del rostro mío.
    Nada me causa encanto ni atractivo,
    En un eterno esplín muriendo vivo
    Y es mi única pasión la de la muerte (...)”

    Reír Llorando
    Juan de Dios Peza (mexicano)

    Un Domingo de reencuentro

    Llegose el día de parche. Una tarde de domingo en verano, los intérpretes vestidos de negro de pies a cabeza se dirigían (con la gracia de la benevolencia y la cordura, libres de las tan apreciadas capas de grueso paño) rumbo hacia la costa inmediata y diametralmente opuesta a nuestra “alma mater”, Playa Ancha. Un viaje que es cercano a los sesenta minutos, encerrados en un bus cuyas ventanas permanentemente clausuradas nos otorgaban los antiguos “placeres” de Turquía y alrededores. Un viaje que a veces parecía de dos horas, y se convertía en una agradable brisa cuando llegábamos a nuestro destino. Seguimos nuestra ruta habitual, a veces marcada por alguna que otra serenata, cuando el objetivo era meritorio, ya sea la envidiable belleza femenina o el avaricioso “Pecunio”, para luego continuar con nuestra rutina de fin de semana. Es de muchos felices hidalgos el considerar el hecho de que el negro trae la desventura o la muerte, creencias que procuramos no propagar. Sin embargo, la superstición pesa a veces más que la razón, y los locatarios, con la excusa de una sala repleta a mas no poder, nos evaden con ademanes negativos y rosarios de bendiciones. Existen para nuestra suerte, gentes cuerdas y sapientes que solicitan nuestra presencia y nuestro cantar, a veces incluso sabios y muy vivaces dueños de locales. Por supuesto, no es costumbre de juglares desatender un llamado, especialmente si la invitación es de algún personaje de notorio bien y propiedad. No es que nos importe la condición social, pero una moneda bien recibida mejora su condición cuando está acompañada de un sencillo billete de buen curso legal. Entre mesas y saltos de los panderetistas, a veces se encuentran algunas sorpresas, como cuando la suerte acompaña a tan fiel tenorio y descubre una coqueta sonrisa de alguna agraciada señorita, o cuando la multitud celebra espontánea la caída del bailarín y su pandero (o alguna nota del acordeón, cual venga primero). Pero a veces, cuando la luna brilla y los ánimos se levantan, y los grillos cantan y el tiempo parece eterno, los santos juglares y diablos tunos hacen tregua y se hacen presentes, y el aura mística de la tuna brilla con fuerza.

    No era más que otra pareja sentada, común escena de nuestros parches, que comenzamos a rondar al final de nuestro camino. Primero fueron las miradas que se entregaban, luego la emoción de ambos nos llevó a tocar las fibras del corazón con una ronda, canción que llama a la noche (aun si es de día), a la luna y su velo de plata y marfil.

    Terminado nuestro acto en tan apreciado establecimiento, nuestro Tuno “Niño” es llamado por la pareja, y luego de ser objeto de su mensaje, le entrega un generoso bono de agradecimiento.

    Luego, al ser consultado por aquella interrupción, nuestro buen miembro nos informa que la pareja a la cual estábamos rondando, estaba realizando los trámites de divorcio, y lo que se supone era una comida formal, se convirtió en un reencuentro, y en la dicha de dos personas que ayudados por un santo patrono de nuestra devoción, volvió a encontrar la esperanza.
    Es así que la suerte no nos acompaña a todos (no todos tenemos la suerte de Segismundo), pero siempre debe existir la juglaría, y para ello recorremos cualquier distancia, por muy extrema que parezca para entregar (y no recibir) buenos sentimientos, alegría y un poco de picardía como especia o condimento. La mística aura aparece de forma caprichosa, cual Sino nos entrega en forma frecuente muy escasa recompensa, para recordarnos quizás cual es nuestra misión, y que nuestra verdadera ganancia es conservar la esperanza en el amor que reside en cada uno de nosotros.

    GRACIAS SAN MACHETAZO, POR FAVOR CONCEDIDO

  • De la trova y el verso chileno

    De los versos que escribí

    Hace algunos años atrás conocí a un personaje muy peculiar; de baja estatura, prominente abdomen y notable alopecia, pudiendo ser indistinguible para la mayoría de los habitantes de este rincón, salvo por dos grandes y notorios rasgos: su notable “aire” europeo” resaltado por sus características caucásicas, su más que notable acento español, el aroma desconocido a fragancia mediterránea, muy propio de las costumbres que por allá se habitúan, y la común capacidad de sorpresa y goce propios de un turista. Omitiré mencionar su nombre, sólo su sobrenombre o mote daré a entender: Le decían “El Sinca” (diminutivo de sin- cabeza, correspondiente de loco, orate, chiflado). Como buen ejecutor de la profesión médica, prefería que le dijeran simplemente “doctor”. Este variopinto personaje gustaba de la poesía improvisada, en particular de los versos que su servidor gustaba dedicar a cuanta bella dama se nos cruzara por delante. Lo conocí en un encuentro de tunas y estudiantinas, hace cerca de cuatro años, en la ciudad de Iquique. Me gusta recordar este encuentro por los divertidos acontecimientos que tuve el placer de protagonizar. El tenorio que alguna vez fui me hace reír aún ahora, y por esa faceta ya olvidada tuve que pasar por algunos percances medianamente peligrosos y absurdos a la vez, en los cuales mis traicioneros versos fueron los que me jugaron mal. En esa ocasión, hicieron que tuviera que hacer uno y mil malabares para poder galantear a dos bellas damiselas, de las que finalmente tuve que huir antes de que reclamaran su honra y mi hombría. Así y con todo, logré entablar amistad con mi camarada de rondas, el “Sinca”. Pase un día entero haciendo versos a cuanta bella fémina se cruzara por nuestro camino, no sin casi recibir una que otra bofetada, que inmediatamente se suavizaba al escuchar los románticos y tiernos versos que inventaba. Ya cercano el atardecer, volvimos a nuestro cubil, donde encontramos a nuestros compañeros de rondas disfrutando del bienhabido fermento, entre ellos al tuno “Popeye”. Elogiando luego los versos profanos y proferidos, adoptamos la actitud de los allí presentes, uniéndonos a las bandurrias, guitarras, panderos y aguardientes varias, que ya lanzaban al aire versos, canciones y alegría, muy bien acostumbrados en estos grandiosos encuentros.

    De la reflexión siguiente

    No me sentí ningún Bécquer o Lorca o algún otro personaje al escuchar la aprobación de tan prestigiosa figura como lo es el “Sinca”, pero luego de reflexionar sobre ello, di cuenta del extraordinario talento innato que posee el chileno en lo que es en sí el género lírico. En Chile nacen poetas cada momento, Está en nuestra sangre, en nuestro acento y en nuestra historia.

    Nuestro país nace con versos, aún antes que se llamara Chile (nombre que nace del cantar de un ave) llegan a nuestro pequeño rincón poetas alabando su exótico, pero inspirador deseo de lucha. Un deseo que se vio incrementado por conflictos y guerras a lo largo de nuestra historia. Nace el verso de nuestro acento, “cantado” como dicen muchos. Aparece en las ocurrencias del obrero al piropear cuanta belleza se cruce por delante, usando recursos literarios propios de un artista. Vivimos metafórica y comparativamente entre versos, entre estrofas de rosarios de palabras inventadas, de diversos dialectos que nacen del costumbrismo de las clases sociales. La lírica es precisamente eso: Expresar, mediante frases cortas, una emoción o un sentimiento relativo a nuestras vivencias: “Pa’ que voy a ir al doctor / si después me voya volver a enfirmar”; “ Ayer pase por tu casa / etc...; “Su mamita debió ser pastelera / para poder hacer ese bomboncito”; el muy conocido “me gusta cuando callas / porque estas como ausente / etc...”. Incluso los sobrenombres, muy habituales y que reflejan nuestra preferencia por entregar una función más bien poética o simbólica a nuestras acciones que una función informativa.

    Así con todo, el ser poeta en esta tierra dista mucho de ser alguien destacado. Quizá sea porque nosotros mismos nos desvalorizamos, quizás sea por nuestro simple anhelo de ser algo diferente a lo que somos. Hemos sido invadidos por ideas que nos dicen que todo afuera de este país es mejor, y que no existe cabida para nosotros en este país. Es afuera donde a nuestros talentos los valoran por lo que son, donde la diferencia de tonalidades al comunicarse, la picardía propia de un chileno en un piropo no existe en lo absoluto y en el que humildes pero destacados compatriotas han triunfado. Quizá estemos cansados de nuestra propia cultura, envenenada por ideologías que no son las nuestras, que el verso mismo chileno ha derivado en internacionalizaciones pobres en originalidad, monótonas y aburridos ritmos que desarticulan la idiosincrasia. Aún quedan reductos del verso chileno: en el obrero, en el campesino, en el mismo araucano y el aymara; en el piropo, la picardía y el desenfado del chileno, permanecen latentes, presentes como lo es el espíritu de lucha en nuestro patriota y valiente roto.
    Mientras permanezca el verso en nuestro diario vivir, aún podemos decir que somos chilenos.

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